Historias de booking nacional: La nueva generación de promotores independientes

A un poco más de diez años de la primera edición del Festival Estéreo Picnic, y a través de múltiples festivales, artistas y lanzamientos de renombre a nivel nacional, ya comienza a erigirse una industria de la música alternativa colombiana. Desde los discos grabados en habitaciones hasta las producciones más elaboradas, desde los tocaderos más recónditos hasta los auditorios y las arenas, lo alternativo es una fuerza creciente que mueve a cada vez más partícipes. Quizás pocos han visto tan de primera mano este crecimiento como los promotores y el booking. Aquellos encargados de juntar a artistas, venues, equipo técnico y público, para crear espacios de encuentro cultural como son el toque, el concierto o el festival.  

Es por eso que desde MAAS le pedimos a varios nuevos promotores o agentes de booking, dentro del microcosmos alternativo nacional, que nos contaran sus experiencias y sus conocimientos como esos agentes del entorno cultural y de la industria local y nacional. Les preguntamos por sus comienzos en el booking y cómo llegaron hasta él. Los invitamos a opinar sobre su oficio y a contarnos un poco sobre esos detalles propios a cada ciudad o nicho. Y, además, les preguntamos por sus primiparadas que consideren que le sirvan a los bookers venideros.

Los promotores aquí entrevistados conocen su trabajo, su escena y su alcance. Y, aunque cada uno maneja una escala distinta, todos conocen ya ese algo central que concierne a los gestores culturales en general. Las entrevistas, sin más, a continuación.

*Booking: acción de venta y comercialización de presentaciones y shows de artistas.
*Booker: agente encargado de la venta de artistas.

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Ana María Bermeo (Seitrack, PM3, Electric Mistakes)

Música de la Universidad de los Andes con énfasis en producción musical y de audio. Guitarrista y corista de la banda Electric Mistakes. Ha desempeñado labores de producción y logística en agencias como PM3 Talent y, actualmente, Seitrack. Ha agendado a artistas como Lika Nova, Ismael Ayende, Los Yoryis, entre otros.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al booking?

La vez en la que bookeé full fue para un evento que hicimos en el 2018, en un auditorio por la 85. Fue un mini festival de rock con artistas como Ismael Allende, Lika Nova, Los Eddies, Martino Park y una banda que trajimos de Santa Marta que se llama Invisibles. Ya llevaba un año y pico trabajando en producción de eventos, ingeniera de sonido, stage manager, production manager, así aprendí cómo producir un evento y llevaba cierto tiempo trabajando con promotores. Cuando decidimos armar el festival, eran muchas bandas pero la verdad todo salió muy bien. ¡Lo único que no salió también fue que la gente fuera!

¿Qué ha sido lo difícil que te has encontrado en tu experiencia de armar mini-festivales?

Para ese evento que te digo por ejemplo tuvimos como un mes y pedazo para armarlo. Hubo otro que hice para un diplomado de music business, que trajimos a Los Yoryis, Chontadelia, Duina del Mar. Para ese también tuvimos uno, dos meses. Ese tiempo es ajustado. Se logra, y se logra bien, pero para temas de marketing y de difusión, sí está cabrón hacer un evento así, sobre todo cuando tú eres el productor, el booker, de todo. O quieres hacer una buena producción y que todo salga súper relojito o súper bien, o te toca dedicarte todos los días a meterle al marketing. Dos o tres meses antes para un evento de cinco bandas está bien.

En PM3 tuviste la oportunidad de trabajar en ambientes internacionales como trabajan en España, Centroamérica, Perú, Ecuador, ¿qué contrastes se quedaron contigo entre la industria nacional y la internacional?

¡Uf! De pronto en la cantidad de personas que se dedican a esto, al menos a los espectáculos en vivo. En España vi la cosa un poco más madura. Allá hay una cantidad absurda de festivales, sobre todo en verano, así que hay mucha gente que se ocupa de eso, y no desde hace tres o cinco años, sino gente que desde hace cuarenta años se dedica a lo mismo, incluso generaciones.

¿Y entre lo capitalino y lo regional aquí en Colombia?

Hace unas tres semanas me mandaron a grabar un videoclip en Medellín. Quedé pasmada con el profesionalismo tan grande de esa gente. Yo nunca había visto un rodaje así, me decía, es que esto en Estados Unidos es el default, y uno aquí en Colombia está acostumbrado a otras cosas. Pero la organización, las máquinas, los sets que ellos tienen, me parece que en la industria musical Medellín está muy organizada.

En ciudades como Tunja y Manizales es que a lo mejor no hay tantas personas con equipos para hacer shows, y tienen que mandar a traerlos de otras ciudades. Si es de Manizales, toca traerlos desde Cali. En Tunja, desde Bogotá. En resumen, ahí vamos. Es una industria que sigue creciendo. Ahorita con la pandemia se atrancó un poquito. Pero, pues a lo mejor Bogotá y Medellín estén creciendo un poquito más rápido, pero siento que ahí vamos. El sólo hecho de que ya se estén haciendo eventos en pueblos habla muy bien del país.

¿Cómo defines la madurez en una industria musical?

Yo creo que uno de los aspectos importantes es todo este tema de contratación, de tener por lo menos tarifas fijas para un trabajo en particular, o para prestar un servicio. Que ya todo el mundo sepa, por decir cualquier cosa, cuánto cuesta un roadie por ocho horas, y ya sabiendo que tengo que darle refrigerio, y aparte de lo que le voy a pagar, le doy bono de transporte. Cosas así. Eso sí nos falta un poco en esa parte.

Para acabar, cuéntanos una primiparada que hayas hecho como booker.

Una vez cuando cerramos el booking de un DJ y nos enviaron el rider para revisarlo, en el documente nos pedía coffee, candies, bubble gum, y después decía a live unicorn. ¡Un unicornio vivo! Yo pensé de todo, de pronto se les fue este error de typing, o no se dieron cuenta. No sabía si estaban pidiendo un peluche, o si quiere una foto, y yo estaba re preocupada porque era nueva. Entré en pánico como cinco horas y no quería decirle a nadie que no entendía hasta que pensé, paila, tengo que decirle qué putas un unicornio vivo. Le dije a mi jefe y me dijo, ¡ahh! ¡es que quieren un dealer! Y yo pensando en peluches.

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Pablo Chilito (Noise Noise, Páramo, Bioma)

Cofundador de la promotora Noise Noise. Un proyecto que durante cuatro años ayudó a fortalecer enormemente la escena independiente bogotana y nacional, colocando en el radar nombres como Encarta 98 y El Cómodo Silencio de los que Hablan Poco. También se desempeñó como asistente de booking en Páramo. Actualmente maneja independientemente a Encarta 98, Bella Álvarez y siempre perdida, entre otros a través de la agencio Bioma.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al booking?

Como a los 15 o 16 años armé un toque en la casa de mi papá. Pero no creo que eso cuente. En ese entonces fue algo más como tengo una banda, mis amigos tienen una banda, y quiero tocar. Pero lo profesional vino el 1 de abril de 2016 cuando nos reunimos todos los socios de Noise Noise para crear la marca. De hecho, Lucas Muñetón fue el que le puso el nombre en ese entonces.

¿Alguno de ustedes tenía claro qué se necesitaba para registrar la marca, como acercarse a la Cámara de Comercio y los demás trámites?

Eso lo hablamos muchas veces. Yo toqué varias veces ese tema porque me parecía importante hacer el registro ante Cámara de Comercio, tener realmente la marca registrada. No fuera que alguien tomase el nombre o algo así, porque son cosas que suceden, pero nunca nos pusimos de acuerdo. Noise Noise nunca existió legalmente.

Para hacer shows grandes, en los que nos pedían PULEP y esas cosas, buscábamos la forma de irnos por el ladito, porque no teníamos cómo responder ante ese tipo de cuestiones legales. Además, los eventos que hicimos estuvieron muy enfocados en cosas que no creíamos que requirieran permisos o documentación especial para hacerlos.

Por una parte, cofundaste Noise Noise en el que estuviste organizando eventos de bandas independientes por varios años. Después trabajaste en Páramo, en donde has apoyado un lado más industrial de la escena. ¿Qué contrastes ves entre esos dos ámbitos?

Cuando tú trabajas desde una posición independiente y desligada de un estándar que tengas que cumplir, las posibilidades son muy amplias. No te centras tanto en si está vendiendo, si tiene dos mil o tres mil escuchas en Spotify, o si tiene treinta mil seguidores en Instagram. No digo que ese no sea el caso de la industria, porque la industria también le abre campo a artistas, pero en lo independiente tienes total libertad para trabajar. Uno aprende que puede confiar en el artista y pensar que tiene todo el potencial para llevar a cabo el proyecto.

Por el lado de la industria, yo en Páramo no fui curador, pero igual uno entiende que en términos de industria las cuestiones van mucho por lo que el público está consumiendo, por lo que el público busca, por los intereses similares a eventos pasados. También se fijan mucho en los medios, y saben que algo que está en el top 20 de Radiónica va a funcionar. Gracias a eso tuvimos el Estéreo Picnic de 2019. Las bandas colombianas no fueron las de siempre han estado, sino Margarita Siempre Viva, Quemarlo Todo Por Error, ha$lopablito, Los Fumadores, porque saben que ellos son lo que está sonando.

¿Cuál fue el cambio más grande por el que dirías que pasaste como booker en Colombia durante la pandemia?

El cambio fue pensar que todos los planes que teníamos armados se cayeron. Estábamos organizando unas fechas con Encarta 98 dentro y fuera de Bogotá. Pero, a medida que la pandemia continuaba nos dimos cuenta de que no iba a pasar nada. Fue un golpe bastante duro porque algunos de los espacios en donde íbamos a tocar cerraron. El cambio fue bastante brusco en ese sentido.

Durante el primer semestre la gente no sabía qué hacer. Apenas hasta finales del primero y principios del segundo los lugares comenzaron a adecuarse. Comenzamos a bookear en medio de esas condiciones con lugares como Boogaloop, o actividades del distrito como el karaoke en el Jorge Eliécer con Babelgam, que tenía sí o sí que hacerse bajo la modalidad virtual. Aunque no se hayan podido hacer shows por ahora, este tiempo nos ha servido para conectar con personas de otros países y llegar a nuevos públicos.

Para acabar, cuéntanos una primiparada como booker en tus comienzos en Noise Noise.

La clásica. Esto es historia en Noise Noise. El primer evento que organizamos lo hicimos un día que jugaba la Selección contra Perú. No sabíamos que en el lugar había televisión porque cuando fuimos no había nada, y ese día yo me vine a enterar que había partido. Íbamos a competirle a un partido de la Selección Colombia. Eso fue un viernes o un sábado. Y además era eliminatoria del mundial.

Sufrimos mucho esa noche porque todos los bares de la 45 estaban llenos. Nuestro toque estaba muy vacío, y decíamos entre nosotros, no, paila, esto no va a funcionar. Pero fue avanzando la noche, llegó la gente, y al final, cuando hicimos las cuentas, habíamos logrado recuperar la plata que le hicimos al toque, y ganamos como cien mil pesos. Fue una cosa absurda. En ese momento no pagábamos lo que una banda cobra ahorita, les pagábamos como 35,000 pesos para el transporte y mucha cerveza. Las bandas lo recibían bien y pues realmente no teníamos la plata para pagarles como era, pero eso nos ayudó durante un tiempo.

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Doménico Di Marco (Municipal Música Viva, Gallo Fino, Festival de la Tigra)

Gestor cultural, músico, DJ y cantante de la banda Monte. Socio y curador del venue Municipal Música Viva, ubicado en Bucaramanga. Cofundador de Gallo Fino, colectivo de música electrónica y de experimentación con sonidos latinos. También se ha desempeñado en los equipos de producción y comunicaciones del Festival de la Tigra.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al booking?

No soy músico profesional, pero he tenido bandas desde hace rato. Por una parte, he sido un artista que busca que lo bookeen para eventos. Pero al mismo tiempo he hecho varios proyectos de autogestión, en plan vamos a tocar nosotros, pero invitemos a más gente. Estuve sobre todo en el mundo de la música electrónica y lo DJ. Tuve un colectivo, Bogotá Techno Sound, con el que hacíamos fiestas ilegales, underground, en lugares no convencionales. Así fueron mis primeros pasos.

¿Qué opinas de Bucaramanga como una ciudad para montar espacios culturales?

Mi experiencia como músico y como gestor me decía que los espacios de Bucaramanga y los Santanderes eran pocos. Era cosa de hablar con el dueño del bar para que dejara tocar un día, pero no había un venue que estuviera constantemente programando artistas. Eran espacios que en su mayoría carecían de las condiciones técnicas para hacer shows de calidad y que no estaban cercanos a un público generalizado, no había una escena constante y grande en la ciudad.

En Municipal la participación en el booking nuestro es más o menos 80% artistas locales y 20% artistas nacionales e internacionales. Bucaramanga tiene una escena musical pequeña aún y no puede soportar eventos de magnitud demasiado grande, por lo que nos toca hacer una selección cuidada de quienes vienen. Tratamos siempre de tener un equilibrio entre actos consolidados y frescos, que no son tan conocidos pero que complementen la propuesta curatorial, y actos que tengan público, que muevan parche.

Has estado muy al frente de la escena bumanguesa y santandereana. ¿Cómo ves esa y otras escenas más locales, comparadas con unas más capitalinas como Bogotá o Medellín? ¿Crees que hay buen ritmo para alcanzarlas o que aún van lejos?

Yo creo que estamos lejos todavía. La escena, tanto la bumanguesa como la piedecuestana (con Edson Velandia y el Festival de la Tigra), tienen economías muy frágiles. Eso hace muy difícil consolidarlas porque no existe un flujo de capital suficiente. La gente no adquiere los recursos necesarios para vivir de la música. Hay muchos pelados que estudian música. Todos los semestres se están graduando 50 y 60 músicos en la ciudad. Pero esos músicos no tienen cómo integrarse a la economía local porque más allá de los trabajos que hay como formadores, la escena musical no es capaz de soportarlos económicamente. Eso genera un círculo vicioso en el que el músico trabaja en otros lados y otras profesiones y no le dedica suficiente tiempo a su arte, o empieza a producir solamente propuestas comerciales.

¿Tienes alguna idea sobre cómo mejorar esa economía?

Se me ocurren muchas maneras, dos rápidas. Primero, de la mano de bookers, de promotores. A través de estos actores empezar a hacer más eventos con foco en los artistas locales y nacionales. Consolidar una economía local, esfuerzos gremiales, crear circuitos regionales también. Por ejemplo, con el colectivo Gallo Fino estuvimos buscando espacios en la región y terminamos creando un circuito regional, y ahora tenemos sitios para tocar en Bucaramanga, Piedecuesta, Barrancabermeja, Pamplona, Floridablanca. Como booker, creo que hay que buscar establecimientos que no están tan consolidados y ver cómo puede uno crear acuerdos para que eso se fortalezca.

En segundo lugar, propugnar porque el gobierno local invierta más recursos en los músicos locales. Ese es un círculo difícil de romper porque la gente no hace eventos porque la gente no va. Pero la gente no va porque no conoce los artistas o porque no conoce los eventos, y la única manera de romperlo es con plata. Así que siento que la inyección de capital público sería un insumo importante ahí, y más adelante con capitales privados.

Para acabar, cuéntanos una primiparada que hayas hecho como booker.

Hay un tipo de primiparada que uno nunca aprende y la sigue haciendo por la eternidad: escoger a los artistas porque le gustan a uno. Eso tiene su valor, es bello y a veces funciona. Pero desde una perspectiva comercial puede no ser lo más inteligente. La última vez que nos pasó fue con Frikstailers. Ellos ya habían venido a Bucaramanga y ya les había ido mal en asistencia, pero acababan de sacar un disco. En la experiencia la pasamos del putas, pero nos fuimos de culo pa’l estanco con los artistas. Eso pasa mucho.

Otra primiparada es joderse con el rider, decirle a todo sí y después, cuando uno se da cuenta, alquilar este piano cuesta 400.000 mil pesos, alquilar esta consola cuesta 1 millón de pesos. Y lo que debía ser una cuenta de 3 millones se vuelve uno de 10. Vale la pena ser cuidadosos con eso.

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Daniela Franco (Ciudad Ausente)

Música de la Universidad Javeriana. Actualmente socia y encargada de booking y management del sello Ciudad Ausente, responsables de artistas como Persóna, La Teoría de las Cuerdas y Antílope.

¿Cómo fue tu primer acercamiento al booking?

El primer evento que he hecho puntualmente fue el evento de ¿Cómo así que es marzo otra vez? De ese evento entendí, que, con cada artista, el bookeo es diferente. A algunos lo que les interesaba era tocar en vivo, otros estaban interesados que hubiera una gestión organizada o que fueran remunerados, y todo eso es muy válido. Aunque yo no he trabajado tanto en Music Business, estoy rodeada de mucha gente que ya trabaja en el medio. Hay que ser conscientes de esas dinámicas que están sucediendo con diferentes actores para decir, hay estos problemas, pero ¿qué vamos a hacer?

¿Cómo ha sido el proceso de formalizar la creación de un sello como Ciudad Ausente?

Hay muchas cosas que queríamos hacer en el sello cuando yo entré. Algo en lo que todos concordamos fue que queríamos hacer un parche de gente para unir fuerzas y dar visibilidad a lo que hacemos. Que es lo que también hacen sello como InCorrecto, Discos Infante, Rompeolas. Es esa necesidad de tener dónde aparecer la premisa inicial. Inicialmente en el sello se tenía una idea de hacerlo más como un colectivo, que no está mal. Pero, cuando tú lo piensas en términos de mercado e industria, ahí la plata no está moviéndose, y es importante que eso suceda, que a la gente se le pague por lo que hace.

¿Qué problemas ves para alcanzar esa sostenibilidad o rentabilidad en la música alternativa?

En este momento, en cuestiones de oferta y demanda, hay demasiada oferta de artistas. Hace tres o cuatro años tuvimos un boom de la gente animándose a sacar sus proyectos. Pero hoy en día tenemos un número grandísimo de ellos, y con lo que hay en este momento de infraestructura, no hay suficiente demanda para esa oferta. Sin embargo, sí hay gente que está interesada en participar en esto, y no solamente artistas o productores, sino también marcas, medios, entre otros.

Por ejemplo, estuvo la campaña que lanzó Budweiser para artistas urbanos para que grabaran un sencillo con ellos. Lo mismo pasó con Tres Cordilleras. Durante los meses de cuarentena estricta el año pasado, se pusieron la diez haciendo lives con siempre perdida, con Juan Antonio Toro de Armenia y con Piel Camaleón. También marcas de ropa. Un artista que está bien posicionado tiene gente que está viendo su día a día, qué es lo que se pone, cómo se viste. A las marcas les interesa estar en esos medios, y esto es algo que compete a muchas partes. Se trata de pensar en cómo crear más promotores y gestores que puedan ayudar a manejar la cantidad de oferta de artistas que hay, de manera que se pueda nivelar la demanda.

Hay mucho de economía en lo que dices. ¿Cómo lo relacionas con el tema de la economía naranja?

Cuando estoy en charlas y reuniones del tema, siempre salgo con la misma pregunta: ¿uno con quién tiene que hablar? ¿uno con quién tiene contactos? ¿uno dónde presenta proyectos? ¿uno a dónde aplica para hacer parte de estos beneficios? Hablaban de cómo hay millones y millones de plata en la industria, pero uno dice, okay, pero yo no estoy preguntando eso. Estoy preguntando cómo puedo hacer parte de esto. Es algo que todavía no termino de entender.

Esta situación, en las convocatorias, puede complicar la participación de la gente. Algunas piden una trayectoria de cinco años, pero hay gente que está en la universidad, o se acaban de graduar, ¿entonces ellos no tienen oportunidad de nada? Así la gente no se inscribe, y si no hay suficientes proyectos inscritos, ¿cuántos van a ganar la convocatoria? ¿Y qué va a pasar con la plata que la gente no se gana? Esas preguntas quedan sonando.    

Para acabar, cuéntanos una primiparada que hayas hecho como booker.

Nosotros para la producción de ¿Cómo así que ya es marzo otra vez? contratamos un backline que nos salió muy barato. El problema es que Amantina y Pielca son bandas que tienen un rider muy grande. Ellos necesitan mil corotos para sonar, entonces no es un backline tan sencillo. Resultó que el que conseguimos no cubría todos los riders, y nos tocó entre todos suplir las vainas que nos hacían falta. Uno sencillamente no hace eso. No se pueden juntar backlines de distintas personas porque sí o sí algo se va a perder. A nosotros no nos pasó y la suerte nos acompañó de todas las formas posibles. Pero esa es una primiparada que uno no puede hacer.

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Hacer booking en Colombia es un oficio que puede verse desde dos lugares. Por una parte, tiene mucho de profesión, de empresa y de emprendimiento. Implica estar al tanto de la oferta de artistas, de los venues más adecuados para el proyecto en mente, de las tarifas ofrecidas y las legislaciones del momento (sobre todo en tiempos de pandemia). Con el fin de alcanzar un estándar de calidad tanto técnico como artístico y así, participar en un nuevo mercado cuya rentabilidad es cada vez más tangible.

Pero, por otra parte, también hay en ello algo de artesanía, de tacto humano, de informalidad, de malabares, de corotos y de saber cómo es la vuelta. Sobre todo, implica también mucha flexibilidad, como acabamos de ver en estas entrevistas. El booker casi nunca es sólo un booker, también es un artista, un ingeniero de sonido, un espectador y un consumidor. Se requiere, en últimas, mirar la escena con ojos bien abiertos y reconocer la importancia de cada uno de sus actores dentro del ecosistema musical nacional y local.

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