‘Antílope I’ – Antílope

La música latinoamericana es una constante re-conexión con aquellos que en antaño marcaron sus orígenes y su desarrollo. Conjugando todo el tiempo nuevas texturas con esas influencias, para traer de nuevo esa alma latina, siempre renovada. Antílope es una banda bogotana que tiene muy claras estas conjugaciones sonoras. Su álbum debut ‘Antílope I’ es una muestra de ello. Ya que a lo largo de las canciones cobijan estas influencias que oscilan entre en el rock hecho por estas tierras, para reunirlas con el espíritu del jazz. Yendo un poco más allá, construyendo atmósferas gigantes y lentas, que son una invitación para sentarse a reflexionar introspectivamente sobre los sueños, lo mítico, la existencia y el mundo.

Fotografía por @simioespacial

Esta joven banda capitalina son los abanderados del sello Ciudad Ausente. Un colectivo que en los últimos meses ha empezado a rondar la escena capitalina, para regalarnos gratas sorpresas como lo es Antílope. Pero a pesar de esa novedad que los rodea, no hay que dejarse engañar por la inexperiencia que podrían tener. Pues los integrantes de esta agrupación han hecho parte de proyectos como Amantina o Los Makenzy. Y aunque esto puede ser un tanto relativo, su música da cuenta de tener detrás músicos de gran calidad. Quienes en conjunto pueden dar mucho de qué hablar.

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‘Jardines Sin Sol’ es el corte que abre ‘Antílope I’. Una guitarra acústica que se siente como el desenvolvimiento de una ensoñación, lenta y sosegada, da pie a esta canción. De repente, la voz de Daniel Ocampo empieza a tomarse este espacio sonoro, para reflexionar sobre sus propios pasos. De esa forma abre hacia el melodioso coro que desemboca en un frenetismo, marcado por la distorsión y el caos. ‘Leviátan’, por su parte, es un respiro al caótico tramo pasado, esta vez marcado por el piano. Aparentemente pareciera seguir la misma estructura, pero de un momento a otro un sintetizador casi hipnótico se toma el protagonismo de la canción y metaforiza este demonio bíblico como toda una carga existencial.

Fotografía por @simioespacial

‘Rio Sultán’ desarrolla la melancolía de los anteriores cortes bajo un sentimiento más esperanzador. Una canción para iniciar un peregrinaje y hacer más fácil el respirar. Mientras, ‘Sol Jaguar’ se entromete por caminos oníricos, dejando por un momento los espacios enormes y llenar más su sonido con toda la instrumentación. Resaltando junto a la voz las líneas de bajo que dirigen todo el corte. ‘Uno Más’ parte más melódica y nuevamente el piano es protagonista. En este ocasión asistimos a una historia mucho más personal, donde resuenan esas frases de los demás como un choque y a su vez, un paso para descubrir una identidad propia.

Fotografía por @simioespacial

En el horizonte aparece ‘Luna’, por medio de un ambiente más críptico, cobrando vida para cantarle a un astro como si se tratara de un amor lejano. Este es el corte más largo de todo el álbum, haciendo que en un punto nos sintamos en medio de un jam. ‘Oggun’ nos lleva a habitar las raíces latinoamericanas con este ser y una pequeña historia de antaño a través de una guitarra acústica. Abriéndonos de esa forma el tramo final. ‘Caminantes’ parte con una alma latina entre sus cuerdas, desarrollando una canción con un cambio que nos lleva directo directo al espíritu y la redención. Despidiendo, finalmente con ‘Cruces’ todo el trabajo. Un último tema con una reflexión sobre la violencia que cae sobre los pueblos olvidados.

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De esa manera, la banda conformada por Daniel Ocampo, Manuel Pascagaza, Juan Simón Ramirez y Samuel Roldán, nos deja frente a su álbum debut. Un trabajo que contiene resonancias latinoamericanas en su sonido, pero a través de un estilo experimental, proveniente del jazz y que se siente través de cada corte. Para de esa forma, contarnos diversas historias con una metaforización que convierte a ‘Antílope I’ en un espacio lleno de símbolos. Una propuesta prometedora y un tanto refrescante en el panorama musical del rock capitalino.

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