Bella Álvarez – Canciones Para una Casa Chiquita

Muchas veces nos hemos tomado este espacio para hablar del fenómeno cantautoral colombiano de los últimos años. Pero, muy pocas veces hemos destacado la importancia de las mujeres en este proceso. Podríamos reconocer rápidamente a La Muchacha o Briela Ojeda como las abanderadas de este fenómeno a nivel nacional. Pero hay un nombre, proveniente de las calles de Medellín igual de impresionante a este par de mijas, el de Bella Álvarez. Hace dos años, ella hizo florecer un sonido atravesado por imágenes rurales y dueñas de una exquisita introspección sonora a través de ‘Hortalizas y Flores’. El pulso de una guitarra y voz que con una mirada íntima, nos sobrecogió entre sus compases.

Luego de dos años, tenemos entre nosotros ‘Canciones Para una Casa Chiquita’, el álbum debut de esta cantautora paisa. Un trabajo que da un salto y lleva el sonido de Bella un paso más allá. Pues, la instrumentación de una banda detrás hace sentir gigante y profunda una sensibilidad, que, canción tras canción se va construyendo entre pequeñas historias. Historias que cuentan con un toque muy personal y catártico entre sus líneas, como si se tratara de un viaje a través de su mundo íntimo. Metáforas, dudas, amores, montañas y muchos paisajes rurales se difuminan a lo largo de sus doce cortes con un dulce interpretar en el que nuevamente son protagonistas la voz y la guitarra.

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Y si el amor es mirarse en los ojos del otro ¿Por qué cada amor es diferente? Estas líneas pertenecen a ‘Coro Coro Rojo’, la canción que da apertura a lo nuevo de Bella Álvarez. Aquí, una atmósfera agónica es la protagonista, construida a través de una guitarra acústica enigmática y el punzante silbido que nos acompaña hasta el final. Un corte que busca sanar con sus palabras un corazón herido por los amores.

Pronto, la calma hace presencia con ‘Mis Cosas Favoritas’, en donde el sosiego aparece gracias a los recuerdos, pues te di mi mirada más cierta. En este punto, la desazón es una bruma tras ese reconocimiento por haberlo entregado todo. Por su parte, ‘La Siembra’ parte con una vitalidad más enérgica. Entre cedros y rocas, la guitarra da vida a un corte muy rural, que, junto a la presencia de los vientos desembocan en un final sublime.

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Así llegamos a ‘Se Te Olvidó’, donde el desapego amoroso hace presencia. Aquí, las plantas se vuelven símbolo del desinterés, para a través de una instrumentación llena de dulzura dejarnos con la idea de, que, si vas a regresar, no voy a estar, no voy a esperar. De esa forma, las ‘Montañas Blancas’ se alzan en medio de un sentimiento de pequeñez. Sentimiento que es recurrente a lo largo del álbum, pero que en este punto se expresa con una emocionalidad muy cruda. Por otra parte, ‘Cercano y Dorado’ es un punto catártico de la mano de un profundo piano, en donde la vejez de una casa se vuelve analogía de una relación estropeada. Pero con el ímpetu de que la próxima vez las cosas serán diferentes. Un montón de cosas, nuestra casa vieja. Todo lo que nos mentimos pensando que cada palabra era cierta.

Sobre un beat electrónico da inicio ‘La Fiesta’. Un corte que juega con texturas diversas, en especial un viento que se hila desde la voz. Por un momento se apaga el sonido acústico, para sumergirnos entre la noche y el día de una mentira. Mientras tanto, ‘¿Por qué lo hiciste?’ retoma el ambiente acústico en medio de un dulce recorrido mucho más tenue que el resto de canciones. Una pregunta con un tono amoroso resuena a lo largo de todo el corte y una sentencia es clara ¡Te tiraste en todo! Por otra parte, ‘No + Chicos Tristes’ se alza como una introspección, para reconocer el ímpetu individual y la fuerza interna para sobreponerse a la tragedia, sin ayuda de nada y nadie. Me escucharé, me cantaré y sé que no vas a salvarnos.

Así nos aproximamos al final con ‘Pequeños Hombres’. Una canción que da un vuelco al sentimiento de pequeñez, llevándolo al exterior y poniéndolo sobre esas figuras que el tiempo aplastó en sus cajitas. Toda una búsqueda de realidad, que, con crudeza enfrenta los amores a través del sonido de un sintetizador muy especial. Mientras tanto, la imagen que da título al álbum surge en ‘Casa Chiquita’. Un corte lleno de espacio, en donde una cosa adentro […] se rompe como todas las cosas que quise. Todo un enfrentamiento apaciguado con aquellos elementos que forjaron las flojas bases de una casa, llena de cuartos que son cada una de las canciones que tratan un enflaquecimiento amoroso, duro, real pero que busca sanar.

Finalmente, el cierre está a cargo de ‘La Vibración’. Todo un enigmático corte, pero, que a diferencia de la apertura donde se siente la agonía, este último nos transporta por un final catártico. Toda una atmósfera esperanzadora donde, la vibración era yo, el tono y su color danzaba. Para así finalmente poder sanar esta profunda e inmensa desazón.

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De esa forma, Bella Álvarez nos entrega un trabajo muy personal. Qué transita las etapas del amor con una sensibilidad especial, donde la metáforas juegan un papel esencial. Además, no se queda solo en escenarios de lamento, sino que busca sobreponerse y así, abrazar la esperanza del cambio. Un sonido que nos hace sanar junto a ella, en medio de una instrumentación que no le quita protagonismo a lo acústico, pero que lo hace sonar gigante entre vientos, sintetizadores, pianos, bajos. Dejándonos finalmente con un ‘Canciones Para una Casa Chiquita’ que nos toca en el fondo del alma.

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