‘Canquita’ de Bejuco: continuando la historia musical del pacífico colombiano

En Tumaco, todos los niños fueron mecidos en una batea. En aquella región del país dibujada por manglares, esta artesa acompaña todas las etapas de la vida y es un símbolo que cuenta una historia: la historia del pacífico colombiano. Juan ‘Canquita’, director de Bejuco, tenía un propósito y era seguir contando esa historia, dar mucha importancia a su tierra, y en especial, hacerlo a través del arte musical. Así empezó a gestarse ‘Batea’. Un trabajo discográfico que nos sumerge en un ritual de principio a fin gracias a Bejuco. Pero, ¿quién es Juan ‘Canquita’?

Un día, en su infancia, cuando la fiebre lo abrumaba y con apenas siete años, se escapó de la casa embrujado por el retumbar de un bombo. Enfermo y en medio de una de esas aventuras infantiles, llegó a la Fundación Tuma, un epicentro cultural en Tumaco. Desde fuera empezó a ojear a los bailarines y los músicos. Como pudo, se metió por un pequeño hueco y al alzar la mirada, dentro de la fundación, la vida artística se le reveló. Los días, los meses, los años pasaron, pero él se encontró creciendo en medio de los sonidos del pacífico.

En este municipio de Nariño, la música resuena en las calles. Los bambucos, el curulao, la juga e infinidad de ritmos provenientes de ese cruce ancestral entre comunidades afro e indígenas. Tradiciones que de la mano del maestro Gustavo Colorado, director por aquel entonces de la fundación Tuma, empezaron a encaminar los rumbos musicales de ‘Canquita’ en su niñéz. Poco a poco la responsabilidad musical fue llegando. Primero haciendo tronar el cununo, un tambor hecho de madera de Guaguaripo, luego haciendo palpitar la marimba de chonta al ritmo del bunde y los bordones.

Canquita aún era un pelao’ y para ser un músico teso le faltaba mucho trecho. Además, acercarse a lo viejos maestros no era un trabajo fácil, pues eran recelosos de sus tradiciones. No fue hasta que dio con Juan Cuero, marimbero de la fundación, que, bajo el sabor de la ‘Pangorita’ del Grupo Socavón empezó a dominar la marimba. Y, bajo el encanto de este instrumento, se hizo un lugar en la Agrupación Changó, una de las instituciones musicales insignia del folclor tumaqueño en cabeza del maestro Wisman Tenorio. Inició como cununero, pero no tardo mucho para demostrar su talento con la marimba, y con apenas 19 años ya era el marimbero de Chango.

Sin embargo, no todo es tan romántico en el pacífico colombiano. Tumaco es un municipio que ha sufrido la violencia, Canquita, en todo este escenario, vio a muchos conocidos y amigos, partir o morir. Salir en el día, en la tarde, en la noche era un problema y un riesgo. En medio de una navidad, en plena celebración decembrina, a un amigo le pegaron un tiro. Afortunadamente, no murió, pero desde aquel entonces, uno de sus hermanos no volvió por estas tierras. A pesar de esta realidad, para Canquita y para muchos la música se convirtió en un escudo, un refugio para escapar de la violencia, pues al final «Tumaco es una tierra bonita, la gente es muy amable, gente buena, alegre y resiliente».

Bejuco nació con la necesidad de crear un grupo que fuera más allá de la tradición musical. Una forma de darle frescura a los saberes ancestrales de la música del pacífico. Canquita, junto a Edwin, William y Alejandro, compañeros de la agrupación, tenían esa idea. Y, un día, cuando estaban en la limpieza del manglar, Edwin propuso que armaran el combo. ¿cómo lo iban a llamar? Vieron un enramado de bejuco y continuando esa historia del pacífico, decidieron nombrar así su nueva agrupación. «Queríamos música para experimentar».

Al principio el sonido de Bejuco se inclinó por lo raizal, aún ese camino experimental no estaba muy claro. Y, bajo esta propuesta se presentaron al Petronio Álvarez, uno de los festivales insignia del pacífico colombiano. A pesar de ser la mejor agrupación de ese lejano 2017, no pasaron porque muchos ya habían tenido su lugar con Chango. De cierta forma, esto enfrío el grupo y eventualmente cada uno se fue a estudiar música a Cali. Canquita terminó en el Conservatorio Antonio María Valencia, pero la sucursal del cielo pronto fue el nuevo epicentro del sonido Bejuco.

Así, llega a nuestra historia Discos Pacífico, un sello paralelo a Llorona Records, pero con un enfoque en lo tradicional. Gracias a este encuentro, aterrizó el afrobeat en Bejuco y con el espíritu experimental, le metieron guitarras eléctricas, baterías y más instrumentos al combo. De la mano de Iván Benavides y Diego Gómez, productores de Discos Pacífico, conocieron a Fela Kuti, a Tony Allen, y toda una serie de sonidos africanos que ya estaban en las calles de Tumaco desde hace años, pero que no estaban viendo.

Canquita empezó a hacer maquetas y a compartirlas con Discos Pacífico. Pero, a pesar de esa novedosas sonoridades, siempre se mantuvieron firmes en no difuminar por completo sus tradiciones. Siempre hubo ese respeto por su tierra, metiendo la vanguardia, pero sin pelear con su identidad. Y, sin darse cuenta, habían dado vida a lo que Canquita llama Afro Pacifican Beat, música con pura alma tumaqueña.

A Bejuco lo conforman Edwin, bombero, vocalista y fundador; William, vocalista, voz líder; Lizeth, que también hace de vocalista y es uno de los espíritus creativos del grupo; Andrés detrás de la producción; Julio, bajista y compositor; Luis, un guitarrista proveniente de la Sierra Nevada; Camilo, marimbero; John Dajome, el cununero que le aporta alma al día a día; y Canquita, su director. 

Actualmente, Canquita y todos tienen mucha emoción de aterrizar en un mundo distinto, pues serán la primer agrupación tumaqueña en pisar el escenario del Festival Estéreo Picnic. Al final, solo el tiempo lo dirá, pero Tumaco y Canquita solo son un mar de sorpresas con pura alma pacífica, que quieren seguir escribiendo, con su música, la historia del pacífico colombiano.

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