‘Templo Komodo’ – Briela Ojeda

Corría el año 2020 y a pesar de las circunstancias que nos rodeaban, Briela Ojeda había logrado dar un en vivo en su tierra natal, Pasto. Ya hace más o menos un año de aquel show, en el cual tomó la decisión de embarcarse en la aventura de tejer un álbum. Sin embargo, en ese momento no se imaginaba que Santiago Álvarez, uno de los fundadores del sello In-Correcto, había presenciado su puesta en escena.

Como si se tratará de una resonancia mística. A los dos días de ella haber tomado esa decisión, Álvarez le escribió para proponerle trabajar con ellos y sacar un álbum. Ambos caminos se habían cruzado y hoy, casi un año después, estamos aquí. Hablando de un tejido sonoro que se funda en la base de una sabiduría femenina del mundo tan íntima, que solo la voz de Gabriela o Briela podía comunicar de la mano del pulso de una guitarra con alma andina.

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Fotografía por: Marian Orjuela y Catalina Roa

El punto de partida en ‘Templo Komodo’, la primer punzada de este tejido, es ‘Luna Munay’. Bajo el pulso lento de los coros compuestos entre Briela y Lalo Cortés, se construye una canción que da apertura al rito. Munay nos remite a todo un estado donde el amor es el protagonista, no romántico. Por otro lado, la luna nos lleva a través del ciclo femenino y el descubrimiento de cómo este estado, da inicio a toda una sabiduría ancestral dada por la tierra, pues Niña detrás del cielo, de las raíces viene encendiendo tu dragón: Todas las mujeres que habitan en una sola.

Así nos embarcamos al segundo hilado dado por Briela, bajo el nombre de ‘Quesquequéres’. Una canción que ya había rondado en nuestras vidas, gracias al compilado de Cuarentemas: 41 cañonazos virales de In-Correcto. Sin embargo, desde su versión original a la del álbum, hay un cambio sustancial que permite mantener esa atmósfera de rito, a través de los coros e inclusive del mismo bajo de Camilo Portilla. Ajustes que tienen sentido, si hablamos de una de las piezas fundamentales a lo largo de este proceso Santiago Navas, productor de este trabajo.

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Fotografía por: Marian Orjuela y Catalina Roa

De repente nos encontramos con los tres búhos en sueños, ‘Búhoz’. Aquí hay una forma de escuchar las voces de lo onírico, que le permiten a Briela descubrirse así misma, a cerca de la vida, la muerte, y hasta la misma canción. Luego, ‘Nariz con raíz’, lleva aquel rito que habíamos iniciado a respirar la tierra andina. Pues el ritmo me lo dio el caudal, el canto lo robe del alba. En este punto hay un movimiento, a nivel de letras, en dos planos. Planos que dan esa sabiduría femenina ancestral en el encuentro consigo misma.

Así es posible entender ‘Doña Justicia’, la cual está marcada por ese golpe constante de guitarra acústica, que nos transporta a través de un baile propio de las raíces andinas. Una melancolía dulce que te agarra y te acaricia, para darnos el último respiro de una densidad que entra en calma gracias a ‘Liviana’. Empezamos a soltar cargas, bajo la dulce voz que como un susurro nos transmite toda una atmósfera de tranquilidad. Así, nos arrulla finalmente a través de ‘Templo Komodo’, la canción homónima de todo el trabajo.

Fotografía por: Marian Orjuela y Catalina Roa

El cierre final de este álbum, la punzada final del tejido sonoro que da cierre a todo el rito es ‘Burbujas’. Nuevamente, aparecen los coros que se entrelazan entre ellos como ocurre en ‘Luna Munay’. Los cuales, en este punto, articulan esa sensación de circularidad, de ciclo, pues allí donde termina la una, nuevamente arranca la otra. El uróboros es ese símbolo que le da forma a todo el álbum y la mejor manera en que se puede entender todo lo que es ‘Templo Komodo’ a nivel conceptual.

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Esta reseña nace gracias a una conversación con Gabriela. Una persona que conocí hace muchos años, pero con quien solo cruzamos caminos gracias a su arte. Pues como ella me decía en aquel momento, es sorprendente como la música es agradecida y nos da regalos todo el tiempo. Este trabajo que es ‘Templo Komodo’ resuena aún; allí en la Libélula Dorada donde se grabó gran parte; allí en el exquisito desarrollo visual y artístico de Nefazta y su consultorio místico del diseño; allí en todas las manos que se fue encontrando en el camino como In-Correcto; y sobre todo, allí donde se escuchen los cantos del universo recreándose a través de la queridísima Briela Ojeda. 

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